domingo, 14 de octubre de 2007

Internet, la descarga imparable


Las P2P de finales de los noventa han dado paso a potentes servidores para alojar y bajar archivos y a veloces redes encriptadas


Página de una web con enlaces para descargar en eMule y Bittorrent.
A finales de los años noventa, con la creciente popularidad de internet llegó la de sus primeras redes para compartir archivos. Se llamaban P2P, abreviatura del inglés «peer to peer» (de igual a igual), con un mecanismo que permitía a dos usuarios intercambiar su música gracias a un servidor central donde se gestionaban las búsquedas y las descargas. Aquello tuvo un nombre propio que destacó por encima de otros, Napster, pero la potente industria norteamericana del entretenimiento logró echarle el cierre. Fue en 2001, y ahora Napster, desde que se integró en Roxio, es un sistema de venta de música a través de internet, un sistema perfectamente legal, como el popular servicio de iTunes. Pero si Napster cerró sus puertas con el nuevo milenio, la posibilidad de compartir información (en este caso archivos, primero de audio y luego también de vídeo) quedó abierta y disparada a mil y una posibilidades, que hoy siguen creciendo, para desesperación de la industria del entretenimiento y los tribunales a los que recurren, incapaces de poner puertas al campo de las descargas. Uno de los problemas de fondo está, quizá, en la esencia misma de internet. La red nació para compartir información, e intentar frenar sus posibilidades en ese campo sería tanto como acabar con la misma red. Por eso, y por la forma de trabajo de programadores y de la comunidad informática, los sistemas de descarga han ido perfeccionándose con los años. De las primeras épocas, en las que un cliente servidor organizaba todo el proceso (allí se hacían las búsquedas y se posibilitaban las descargas) quedan todavía algunos supervivientes, como Soulseek, con servidor en Alemania, más de un millón de usuarios registrados y especializado en música no comercial. La segunda revolución de las descargas llegó con los servidores descentralizados. Apoyándose en nodos, los nuevos programas y protocolos de descargas ponían en contacto a los clientes desde la distancia, sin mancharse las manos en la tarea. Así, surgieron Gnutella, Kazaa, Ares Galaxy (hoy en día muy popular por su rapidez) y el vencedor de todos, el eMule, también conocido en España como La Mula, con más de dos millones de usuarios metidos en las distintas redes con las que trabaja. La tercera generación de redes de descarga llegó con la encriptación. Aunque no son tan populares como las anteriores, las propuestas de protocolos como ANts P2P, muy útiles en redes internas, impiden rastrear qué archivos se están moviendo y quiénes los están descargando. El problema es que el proceso de encriptación obliga a que los usuarios dispongan de un buen acceso a internet para no verse afectados con retardos y parones. Todavía quedan otras dos generaciones que suplen o mejoran las descargas a través de servidores. Una es la opción de Bittorrent. En este caso, para acceder a los archivos no hay que buscar en ningún servidor. Sólo hay que entrar en determinadas webs dedicadas a las descargas de música o películas y buscar el enlace del cliente Bittorrent desde el cual el archivo se descargará de forma rápida y sencilla. Un mecanismo similar es el de las llamadas webs de alojamiento. Portales como Rapidshare y Megaupload permiten subir cualquier tipo de archivos de forma gratuita (y de forma más rápida si se paga) y generan un link desde el que cualquiera puede luego descargarse ese archivo. Un link que viaja por foros y webs para facilitar a los usuarios el acceso a este material.
fuente: lne.es

La revolución de las descargas rápidas

Los nuevos programas de intercambio de archivos y los sistemas de alojamiento en páginas 'web' ponen en jaque a la industria de contenidos

Pese a sentencias como la que dictó la semana pasada un jurado de Estados Unidos condenando a una internauta a 126.000 euros por compartir canciones en la red, el intercambio de archivos por Internet, el P2P, goza de buena salud. Su éxito es tan imparable que ya ha surgido una nueva generación de programas y sistemas de descargas que está poniendo, una vez más, en jaque a las discográficas, los estudios cinematográficos y, en general, a la industria de contenidos.
Se trata, por un lado, de nuevos programas de P2P (del inglés peer to peer o entre iguales), mucho más sencillos, rápidos y seguros que los tradicionales como Emule o Bittorrent o Kazaa. Programas como Ares o Azureus están haciendo furor entre los usuarios menos familiarizados con la informática. Con otros se puede ver la película sin necesidad de descargas (Sinlamula.com o Peliculasonline.net). Pero lo último en descargas son los llamados sitios de alojamiento, desde donde los usuarios pueden bajarse directamente todo tipo de archivos, desde películas, canciones o videojuegos.
No se trata ya de P2P, porque no existe ningún intercambio de archivos entre usuarios sino puras descargas, desde el enlace al ordenador. Hay cientos de páginas web dedicadas al alojamiento de archivos, aunque entre las más famosas y profesionalizadas están Rapidshare, Sendspace, Megaupload o Filefactory.
Una de las mayores diferencias con los tradicionales programas de P2P es que estas páginas se financian por publicidad o, directamente, por el cobro de una cuota porque casi todos ellos ofrecen dos tipos de utilización: el gratuito y el de pago o premium. En el primero se limita tanto la capacidad de descarga como la velocidad, y no se garantiza la calidad del contenido, por lo que casi todos los usuarios optan por el pago, El abono anual a Rapidshare, firma radicada en Suiza, cuesta, por ejemplo, 54,99 euros.
Las sociedades de gestión de derechos, como la española SGAE, no han tardado en poner el grito en el cielo porque consideran que estos sitios, a diferencia del P2P (al que también combaten), tienen un flagrante ánimo de lucro. Según estas sociedades, no sólo se violan los derechos de propiedad intelectual sino que, en algunos casos, se comete una estafa.
"El Emule me daba pereza. Para empezar hay que ser un experto para configurarlo, abrir los puertos, desbloquear el cortafuegos, buscar buenos servidores y luego, cruzar los dedos para que funcione. Con el Ares no tengo esos problemas y va mucho más rápido", dice Jorge, de 26 años, técnico en electromedicina.
Una prueba realizada desde el mismo equipo con conexión ADSL de 3 Mbps parece darle la razón: la descarga de la película Azuloscurocasinegro de Daniel Sánchez Arévalo en Ares tardó una hora y cuarto; en Emule, 13 horas y veinte minutos; el álbum Premonición de David Bisbal, cuatro minutos y medios, en el primer sistema y 37 minutos en el segundo.
Ares nació en 2002, pero comenzó su despegue en 2005, cuando se convirtió en un programa de software libre para evitar problemas legales. Nadie sabe a ciencia cierta sus cifras de usuarios pero se estima que supera los cinco millones en el mundo. En España, donde su uso ha comenzado a ser popular apenas hace un año, ha superado ya los 200.000 usuarios, aún a cierta distancia de papá Emule, que tiene en torno a un millón. Una de las ventajas de este y otros programas es que el comienzo de las descargas es mucho más rápido y que la interfaz gráfica es muy sencilla, similar a la de programas como Windows Media o RealPlayer. Su punto débil: sólo cuentan con contenidos relativamente recientes.
Las descargas a través de páginas de alojamiento son algo más complicadas para el usuario. Para empezar por su gran proliferación, ya que utilizan blogs y foros para alojar los archivos. Por eso, en muchos casos son lentos, y en otros no funcionan porque son utilizados para colgar publicidad sin contenido real. Además, los archivos más pesados -vídeos o programas- están alojados en varias partes, por lo que se necesita descargarse un programa informático para pegarlos.
De ahí que los usuarios recurran a abonarse a los más populares mediante el pago de una cuota. Una vez instalados, pueden ser, con diferencia los más rápidos. Una película disponible comercialmente en DVD tarda apenas 20 minutos en bajarse. "Es tan sencillo como poner en el Google el nombre de la película que quieres seguido de rapidshare. Y te salen las páginas con los enlaces. Una vez que te familiarizas, es lo más rápido. Y no tienes que tener el ordenador encendido todo el día", dice Lorenzo, de 35 años, periodista, en una web.
Pese a la polémica y las demandas, las descargas viven su segunda edad de oro. Los datos (Red.es) lo corroboran; en el último año, el P2P ha crecido más de seis puntos y lo practica el 31,8% de los internautas.
fuente: elpais.com